
Su gol de cabeza, un lindo anticipo ofensivo, supuso que podía tratarse de la gran noche de Fernando Ortiz en Vélez. Ese gol era el primero desde que llegó al Fortín y había significado el empate de su equipo tras un comienzo que dejó helados a los hinchas, con un gol de la Católica antes del minuto de juego. Enseguida, llegó el segundo (el de Augusto Fernández) que potenció el cabezazo goleador del defensor.
Pero, como la carroza que se convierte en calabaza, Fernando fue Cenicienta en diez minutos: entró en roces innecesarios y dejó a Vélez con uno menos. Fue amarilla a los 42 del primer tiempo por ponerse a pelear con Henríquez en una pelota parada y, entretiempo mediante, a los siete cometió una falta en mitad de cancha que llevó al árbitro, Carlos Torres, a mostrarle la segunda amarilla y luego la roja que marcó el comienzo de los problemas para el Fortín, como el año pasado en cancha de Banfield, cuando por la Sudamericana le hizo la guerra fría a Laverni y salió perdiendo.
Anoche volvía tras cumplir una fecha de suspensión. Por eso el runrún se adueñó rápido de los hinchas: Ortiz tropezó con la misma piedra.
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